miércoles, 18 de enero de 2017

Dimension of intruders #2

Capítulo 2

-Es una coña, fijo que es un farol. Es teóricamente imposible. No te creo. -Sentencié firmemente.

-Hace siglos se consideraba imposible que la tierra fuera redonda y míranos ahora. Lo imposible sólo cabe dentro de la gente aburrida.

-¿Y cómo lo descubriste? Es alucinante. Si es cierto, podría ser uno de los mayores avances en la historia de la humanidad. Comparado con la máquina de vapor y la bombilla, ambas se quedarían cortas. Cuéntame más. -Grité saltando de alegría, por fin algo me devolvía la sonrisa que tanto anhelaba.

-Verás, estaba hace un año probando otro invento con una cobaya, que llevaba una cámara con la cual yo podía ver lo que ella veía por esta pantalla -dijo señalando la pantalla que estaba enfrente de nosotros -y entonces desapareció, y por la cámara se veía justamente lo que tú estás viendo ahora. Me sorprendió mucho al principio, pensé que sería un baile de disfraces o algo parecido. Tras muchos días dándole vueltas y observando relacioné conceptos. Resulta que la cámara se puede ver desde esta dimensión porque su mundo consta de las mismas condiciones que el nuestro, por lo tanto nuestra tecnología funciona allí. De hecho, es el nuestro, con pequeñas diferencias: como el nombre, la "magia", las "razas"...



-Joder, ¿y la cobaya sigue viva?

-Sí, bueno verás... Espera un momento, te suelto un rollazo sobre otra dimensión, ¿y tú te preocupas por si la cobaya sigue viva? -Me riñó mirándome con la ceja enarcada.

-Bueno, perdón por preocuparme por la naturaleza y los seres vivos. -Hice una mueca de asco.-Prosigue.

-Sí, bueno... Probé a hacer un par de cosas más, como enviar mensajes a uno de sus líderes, que para bien o por desgracia es un rey, y le expliqué lo más claramente posible la situación, enviándole pruebas para justificarlo. Él me contestaba, y con su ayuda pude estudiar todo de ese lugar: sus costumbres, su entorno, su ecosistema, sus habitantes... Y el último paso es enviar a alguien allí para explorar el resto de cosas que no están a mi alcance. La única pega es que aún estoy trabajando en cómo volver de allí, por ese motivo no puedo ir yo mismo.

-Dime que no me vas a enviar a mí...

-¡Eres la persona más indicada para ir! Mírate, tu vida es tan odiosa que no tienes ni un pilar al que agarrarte, se ha ido a la mierda todo el mundo que tenías construido con Guille y padezco pensando que algún día se te quiten los motivos para seguir con vida e intentes suicidarte. No puedes seguir viviendo entre sábanas y alcohol barato.

-Yo... Ehmm... Pero el alcohol es lo único que me da estabilidad, mi vida ahora es mucho más fácil. -Le dije casi sin argumentos lógicos.

-Pues a mí me parece que te está consumiendo, y ese tipo de vida es mucho más difícil -me miró a los ojos mientras pronunciaba estas palabras y puso sus manos en mis hombros. -Intento proporcionarte una vida digna, empezar de 0 en un lugar mejor...



Me quedé pensativa mirando a la pantalla durante unos minutos, y luego reaccioné.

-Está bien, ¿cómo y cuándo voy?

-Ahora mismo, te iré informando del mundo a medida que te preguntes cosas sobre él.

-Vale, tengo una pregunta, ¿es cierto eso que dicen en las pelis que si te ves en otra dimensión te explota la cabeza?

-No, se supone que es una leyenda urbana. De todas maneras tú no podrás verte a ti misma.

-¿Y eso por qué? -Dije algo extrañada.

-Porque en esa realidad. -Volvió a señalar la pantalla de enfrente -tú moriste en un accidente.

Mi cara se tornó pálida, mis piernas temblaban, no sé si del shock o la emoción, sólo se me ocurrió preguntar una cosa más:

-¿Y Guille?

-Sigue vivo. -Dijo sonriéndome.

Yo lloré, lloré sin descanso, de alegría, por aquella sensación de paz y a la vez aquel hormigueo que notaba en la barriga. El corazón se me iba a salir del pecho de un momento a otro.



-No te alegres tanto, él no debe saber que tú eres tú, estás muerta, y no sabemos cómo pueden reaccionar los lugareños a todo esto -dijo abriendo los brazos y señalándolo todo -debes mantener tu identidad en secreto.

-Aún así mi alegría es incondicional... ¿Podré acercarme a él con mi nueva identidad?

-Podrás, pero no debes hacer estupideces, que te conozco -me miró fijamente con su cara de papá dominante.

-¡Quiero ir YA! -Pronuncié el "ya" con especial énfasis.

-Vale, vale, ven conmigo.

Nos dirigimos a la parte superior del laboratorio, había una especie de bañera con un líquido extraño y verdoso en su interior.

Dime, por Dios bendito, que no debo meterme AHÍ. -Le supliqué señalándola.

-Ehmm... ¿La felicidad tiene un precio?

-No se te ve muy convencido de ello.

-Lo sabremos si sobrevives. Toma esto, esto otro y esto. -Me colocó un aparato en la oreja, me pegó una especie de pegatina transparente en la frente y luego me dio una carta. -Buen viaje.

Max me dio un pequeño empujoncito, atemorizada me metí dentro. El líquido tenía una textura gelatinosa y estaba frío, muy frío.

-Debes sumergirte y aguantar la respiración durante 15 segundos.

Hice lo que me dijo, fui contando número por número, notaba como si mis extremidades se estuvieran durmiendo, entumecidas, se me acababa la respiración, notaba como si mil agujas pincharan mis pulmones, cuando iba por 13 abrí los ojos y a pesar del intenso picor que me provocó abrirlos, vi que me faltaba medio cuerpo; debo reconocer que si no fuera por que carecía de la mitad de abajo, me habría meado encima. Los últimos 2 segundos se hicieron eternos, pero cuando desplegué los párpados, fue como nacer de nuevo.



-¡Y quince! -Respiré hondo, una lágrima se me escapó del alivio, había sido horrible. Luego me toqué todo el cuerpo por si acaso me había dejado algo.

Como bien intuyó mi amigo, los tres objetos que me dio seguían conmigo. Cuando me aseguré de que todo en mí estaba bien, alcé la mirada, y vi un mundo que ni en los mejores sueños podría ser visto. A lo lejos, podía distinguir criaturas que parecían animales, otros con orejas de elfo, otros con colmillos, otros con pieles de colores... Cada uno con un vestuario peculiar y estaban comprando como si nada en una especie de mercado medieval justo en frente del bosque donde aparecí. Detrás del mercado, si mirabas hacia arriba, se divisaban las casas de los lugareños, todas apelotonadas; hechas de piedra, sus colores eran marrones, rojos o blancos, las conectaban caminos de tierra o rocas, y hacían que el lugar fuera acogedor. Olía a humo, a sudor, a ciudad abarrotada, era un olor poco agradable, pero al juntarse con el aroma de la comida de aquel mercado se hacía soportable.



Caminé un poco en línea recta por un camino arenoso, ya que había aparecido en un pequeño bosque o parque natural alejado de la zona transitada y me adentré en ella poco a poco. La gente me miraba raro, tal vez porque mi aspecto y ropa eran "normales". Que irónico...

-Vera, ¿estás ahí? -Oí la voz de Max saliendo del aparato que tenía en mi oído.

-Estoy aquí, te escucho algo entrecortado.

-Espera... -Hizo una pequeña pausa y se oyeron diversos ruidos, como si estuviera pulsando botones. -¿Ahora mejor?

-Sí, dime. -Supongo que el resto de gente pensaba que estaba loca por hablar sola y eso llamaba la atención.

-Debes ir al castillo... A tu derecha... Más arriba. -Me indicaba mientras yo movía la cabeza hacia donde él me decía.

-¿Cómo sabes lo que veo?

-La pegatina y/o cámara ya se ha adherido a tu piel, ahora es parte de ti. -Cuando dijo esto intenté quitármela, y en efecto, no podía.

-Vaya eres un acosador de primera.

-Calla y ve antes de que descubran que eres humana. -En cuanto pronunció estas palabras una criatura gritó "SE HA COLADO EN ZEOTHER, ATRAPADLA'', y la muchedumbre armada me comenzó a perseguir.

-Vaya, yo y mi buena suerte. -Ironicé.

Salí corriendo haciendo uso de mis habilidades como gimnasta para girar velozmente en los cruces, escalar algunos edificios gracias a salientes en las paredes y tras un buen rato, perderlos de vista desde los tejados. Continué mi camino mientras recuperaba el aliento, pasé por diversos callejones oscuros y apartados de las calles principales, Max me orientaba. Horas después llegué al castillo, estaba justo en el centro de aquella ciudad, apartado de las demás casas, rodeado por un muro cuya puerta estaba abierta pero habían dos guardias vigilándola.

-Venga, a la de una, a la de dos, y a la de... ¡TRES! -En cuanto lo dije, corrí lo más rápido que pude y entré, pero como era de esperar, por muy rápida que fuera, los guardias me vieron y ahora me intentaban atrapar. Déjà vu.

-Entra por esa puerta enorme y dorada que ves enfrente de ti. -Me aconsejó Max mientras yo huía.

Entré dentro, que no fuera; estaba el rey sentado en un trono al final del extenso pasillo. Corrí hacia él, esquivando varios guardias e incluso haciendo que se chocaran entre ellos y cayeran al suelo abatidos. Sin dejar de correr ni un segundo saqué la carta y se la enseñé al rey.

-Me envía Maximilian, su majestad. -Paré en seco, con los brazos extendidos y cabizbaja me arrodillé ante él, cosa que mi amigo me había dicho que hiciera, por el pinganillo.

Sus hombres se estaban acercando hacia mí para agarrarme e inmovilizarme, pero él los detuvo.

-¡Alto, guardias! Los amigos de Maximilian son mis amigos. ¿Eres la muchacha que dijo que me enviaría?

-Sí... Eso creo...

-Curioso... -Se frotó la barbilla con la mano derecha- Llevadla a la habitación de invitados, se hospedará allí por el momento.

Unas doncellas asintieron con la cabeza y me guiaron hasta mi cuarto. El trayecto fue algo largo, ya que el castillo era grande. Tuve que subir diversas escaleras y cruzar dos patios para llegar, que por cierto eran hermosos, adornados con hierba fresca, flores y preciosas fuentes. Me dio tiempo a observar, todo era de piedra, muy rústico, los decorados eran dorados y las extensas alfombras y largas cortinas que decoraban las altas ventanas arqueadas, granates. Del amplio techo colgaban estandartes con una luna menguante dibujada. En las paredes, había colocados cuadros hechos a mano de gente que parecía importante y con marcos que parecían de oro, había en ellas también, una antorcha por cada dos metros, pero apagadas ya que era de día. Además de la decoración, me paré a mirar el aspecto de aquellas sirvientas, no sabría describirlas, pero me recordaban a reptiles.

Agradecí a ambas la ayuda al llegar a mis aposentos. La sala era de color blanco, esto le daba luminosidad. Tenía hermosos cuadros, pero éstos eran algo extraños. La cama era amplia, al lado de ella había una mesita de noche y en frente de esta última se encontraba el armario, todos los muebles eran de madera oscura. Lo abrí y pude ver vestidos, pero no unos cualquiera, no, eran vestidos de época, con sus estampados medievales y sus costuras cosidas a mano, lo malo era que no parecían de mi talla. Aún así decidí ponerme uno aleatoria para ''encajar'' un poco más en aquel lugar. No me quedaba tan mal.



Tras el velo de las cortinas translúcidas podía divisar un pequeño balcón con vistas a la ciudad. Salí a contemplarla, apoyé mis brazos en la barandilla de piedra y me quedé horas allí, de pie, observando, analizando a la gente, admirando la arquitectura.

Desde allí arriba me di cuenta de que habían dos muros, uno separaba las casas más viejas y pequeñas, de las que parecían más nuevas, grandes y elegantes; el otro, separaba estas últimas del castillo. Jerárquicamente coherente.

No recuerdo mucho más de aquel día, salvo que me trajeron la cena y más tarde, me quedé dormida. Tampoco logro acordarme de los siguientes, pues no hice mucho más que explorar el castillo e intentar entender las explicaciones que me hacía Max sobre todo lo que no entendía, pero no había manera de que prestara total atención. Estaba nerviosa, no sabía qué hacía allí, en un mundo desconocido, en el CASTILLO de un rey desconocido que me tenía esperando desde hacía semanas. Supuse que era normal que estuviera ocupado aunque aquella situación me desasosegaba. ¿Qué me depararía el destino?

Pero algo curioso rompió la monotonía de aquellos pacíficos días. Mientras dormía, alguien entró a mi cuarto, lo escuché, me hizo despertar. Vi su sombra en la pared que tenía enfrente gracias a la vela que se deshacía poco a poco en mi mesilla de noche. Sólo tenía una oportunidad, y Max dormía, así que estaba sola, debía ser rápida, tracé un plan algo alocado en mi mente y lo llevé a cabo: Primero, soplé la vela al incorporarme rápidamente, lo segundo que hice fue levantarme y en la oscuridad me acerqué a donde yo situaba a la persona, fue fácil ya que aquellos días había tenido mucho tiempo para memorizar espacios y por último, lo tercero fue darle una patada en la cara, que a juzgar por el sonido que hizo, lo desplomó.

Justo en ese momento entró el monarca farol en mano y con un simple gesto y una mirada, entendí que tenía que seguirle. No sabía qué estaba sucediendo, pero me absutve de preguntar.

-Tenía algunos planes para ti, pero al ver tu agilidad y fuerza he cambiado de idea. -Afirmó por fin, después de detenerse en seco frente a una puerta situada cerca del salón del trono.

La abrió lentamente. Al entrar vi, gracias a un leve rayo de luz que se colaba por la obertura de la puerta, una sala vacía. Me extrañó mucho que el supuesto rey me llevara ahí, incluso llegué a pensar que era una celda y que me encerraría.

-Disculpe mi ignorancia, pero no entiendo qué hago aquí.

-Acostúmbrate a este lugar, porque será tu sala de entrenamiento. Bien, empecemos. -Entonces encendió un par de antorchas con algo que por aquel entonces pensé que era magia o brujería.


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